El Diablo está destruido.

23 12 2005


¡Usted nunca caminará en victoria hasta que sepa que su enemigo está derrotado! Como cristianos, no nos movemos de derrota en victoria. No nos movemos de duda en fe.
Las Escrituras nos dicen, sin embargo, que hay un camino de fe que conduce a una fe mayor que es: “De fe a fe” (Ro 1:17).
De manera similar, nuestro punto de inicio hacia la victoria no es la derrota, sino la victoria: la victoria de Cristo. “Pero sean dadas gracias a Dios, que nos da la victoria a través de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co 15:57). En otras palabras, tenemos que empezar en victoria si es que vamos a obtener la victoria. La duda, la derrota y la desesperación no son la clase de material con el que podemos edificar una vida firme y victoriosa. Nunca podemos ser ganadores mientras nos veamos como desamparados, víctimas desesperanzadas del diablo. Satanás ya no tiene poder ni autoridad para derrotar a los hijos y las hijas de la familia real de Dios. Sin embargo, tiene la capacidad para engañar a los hijos de Dios si no comprenden quiénes son en Cristo Jesús. Cuando yo era un cristiano joven, desarrollé un temor real a todo lo que fuera satánico o demoníaco. No sé cuándo o cómo comenzó tal temor. Cuando era pequeño, siempre estaba interesado en los misioneros y en lo que estaban haciendo.
Quizás algunas de sus historias sobre el poder demoníaco, pudieron sembrar una semilla de temor en mi mente sin que yo me diera cuenta. Más tarde, aprendí que muchos otros cristianos tienen el mismo problema. Fui salvo y bautizado con el Espíritu Santo cuando estaba en la adolescencia.
Cuando crecí en el Señor, desarrollé un verdadero deseo de tener autoridad sobre el poder demoniaco. Le dije al Señor que si me enfrentaba alguna vez con el demonio, deseaba poder lanzarlo fuera. El Padre Celestial vio que mi deseo era ser un hijo fuerte y fiel en la familia de Dios. Se enfrentó con mi necesidad y solucionó mi problema de una forma que no esperaba. Había pensado que podía haber utilizado ángeles poderosos o grandes torbellinos de luz para ocuparse de mi necesidad de poder. Pero no lo hizo. Hoy en día tengo poder y autoridad sobre las fuerzas demoníacas, pero no me llegó de esa manera. Dios tenía un camino mejor, un camino que ahora deseo compartir con ustedes. Dios eligió ocuparse de mi necesidad de poder sobre las fuerzas demoníacas, por vía de la revelación. En una revelación Dios nos muestra o “revela” una verdad de la Escritura que no hemos visto o conocido antes. Tal verdad, siempre se centraliza en Jesús y tiene el poder de liberarnos de nuestros temores. “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres… Si el Hijo verdaderamente os libera, seréis realmente libres” (Jn 8:32, 36). He descubierto que una revelación que me libera puede ser dada a otros. La verdad obrará en sus vidas al igual que lo hizo en la mía. Por lo tanto, deje que el Espíritu Santo abra su corazón a la Palabra de Dios, y la Palabra de Dios abra su corazón


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